La astaxantina destaca por una característica poco habitual entre los carotenoides: su estructura es anfifílica. Aunque el término puede parecer complejo, su significado es sencillo.
Las membranas de nuestras células están formadas por una parte grasa y otra acuosa. Muchos antioxidantes actúan únicamente en una de estas zonas. La astaxantina, en cambio, puede situarse atravesando toda la membrana celular, interactuando tanto con la parte lipídica como con la acuosa.
Una forma sencilla de imaginarlo es pensar en un escudo que protege ambos lados de una muralla, en lugar de cubrir solo uno. Esta capacidad ha despertado un gran interés entre los investigadores, ya que podría favorecer una protección más amplia frente a los radicales libres, moléculas que se generan de forma natural durante el metabolismo y cuya acumulación puede favorecer el estrés oxidativo.
Precisamente por este motivo, la astaxantina se encuentra entre los antioxidantes más estudiados en la actualidad. No obstante, es importante interpretar los resultados con prudencia. Aunque numerosos estudios experimentales y algunos ensayos en humanos muestran resultados prometedores, todavía se necesita más investigación para confirmar el alcance de sus posibles efectos en diferentes ámbitos de la salud.
Otro aspecto que ha llamado la atención de la comunidad científica es que, en las condiciones estudiadas hasta la fecha, la astaxantina no parece comportarse como un compuesto prooxidante, un fenómeno que sí puede observarse con algunos carotenoides en determinadas circunstancias. Aun así, este aspecto continúa siendo objeto de investigación.