La caléndula (Calendula officinalis) es una de las plantas más valoradas por sus múltiples usos tradicionales, especialmente en el cuidado de la piel. Conocida también como “maravilla”, ha sido empleada durante siglos por sus propiedades calmantes y regeneradoras. Hoy en día, podemos encontrarla en infusiones, cremas, aceites y ungüentos, y sigue siendo una aliada en muchos hogares que apuestan por el bienestar natural.
Qué es la caléndula
La caléndula es una planta herbácea originaria del sur de Europa. Pertenece a la familia de las Asteráceas y es fácilmente reconocible por sus brillantes flores anaranjadas o amarillas, similares a las margaritas. Entre sus nombres comunes están “flor de caléndula”, “maravilla” o “botón de oro”.
Esta planta no solo es apreciada por su belleza ornamental, sino también por su riqueza en compuestos como flavonoides, triterpenos y aceites esenciales, que explican sus aplicaciones tradicionales tanto externas como internas.
Propiedades y beneficios de la caléndula
Beneficios para la piel
Uno de los usos más populares de la caléndula es en el cuidado de la piel. Tradicionalmente, se ha utilizado para aliviar pequeñas irritaciones cutáneas, calmar la piel después del sol, y favorecer el bienestar de pieles sensibles, secas o agrietadas. La encontramos en bálsamos labiales, cremas hidratantes, pomadas o lociones corporales, gracias a su efecto calmante y emoliente.
También es habitual su uso en bebés, en productos específicos para la zona del pañal, debido a su suavidad y buena tolerancia.
Propiedades digestivas y tradicionales
La caléndula también se ha usado tradicionalmente como planta digestiva suave. En infusión, puede ayudar a aliviar molestias digestivas menores como pesadez o gases, y se ha empleado en enjuagues bucales para cuidar las encías y la cavidad oral.
Además, se le atribuyen propiedades antiinflamatorias tradicionales, especialmente en su uso externo, en forma de compresas o baños de asiento.